Ícono de una causa

Enero 21 de 2016

En junio del año pasado, la Ciudad de México fue testigo de la XXXVII Marcha Nacional del Orgullo y la Dignidad LGBTTTI. Las principales avenidas de la capital se abarrotaron de personas que se identificaban con un movimiento de libertad sexual y en medio de la manifestación, resaltaban tres jóvenes que ondeaban una bandera con los colores del arcoíris (símbolo del orgullo LGBT); pero a diferencia de otras banderas, ésta tenía impresa la silueta de Emiliano Zapata en el centro.

Al igual que los manifestantes de la Marcha Nacional LBGT, mucha gente retoma la imagen de algún revolucionario y la implementa como un estandarte en favor de una lucha o reivindicación social. Se trata de la apropiación de una imagen y su sucesiva transformación en símbolo de una causa.

Las nuevas generaciones en ocasiones desconocen quien fue Emiliano Zapata, cuál fue la participación que mantuvo Ernesto Guevara en la Revolución Cubana, o quién fue Augusto César Sandino, por mencionar algunos ejemplos; pero la identidad que adquieren no necesariamente se vincula con el sujeto histórico en cuestión, sino con la imagen gráfica del revolucionario.

Para ellos, ser zapatista o llevar al “Che” impreso en una playera, no forzosamente responde a una condición social o a una doctrina heterodoxa; se puede ser indígena, estudiante, trabajador o simplemente formar parte de los sectores menos favorecidos económicamente, y a pesar de la heterogeneidad social, coinciden en la apropiación de una imagen para construir una práctica colectiva: la defensa de la tierra, de su hogar, del medioambiente, de la libertad, de la democracia, de la justicia y de la equidad social.

Con motivo de este blog también queremos contribuir hacia la tolerancia de todas las manifestaciones sociales. Basta con recordar las palabras del ilustre Voltaire, cuando exponía: “puedo no estar de acuerdo con lo que dices, pero moriría por defender tu derecho a expresarlo”.

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