De señales antiguas a rótulos bien mexas

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La historia de la señalización comienza mucho antes de que existieran los semáforos, los anuncios luminosos o los mapas digitales. Desde hace siglos, las personas han sentido la necesidad de orientarse, encontrar caminos y comunicar mensajes a otros. Saber hacia dónde ir, identificar un lugar o reconocer un negocio ha sido parte de la vida cotidiana desde las primeras civilizaciones.

En la antigua Roma, por ejemplo, los caminos se marcaban con grandes columnas de piedra colocadas cada cierta distancia. Eran conocidas como miliarios romanos y ayudaban a los viajeros a saber cuánto faltaba para llegar a una ciudad o qué territorios atravesaban. Más adelante, durante la Edad Media, aparecieron tablas y placas metálicas que señalaban rutas, cruces de caminos y lugares importantes.

 

Con el paso del tiempo, las señales dejaron de servir únicamente para orientarse y comenzaron también a comunicar identidad. En Europa, durante el siglo XV, las tabernas y negocios colocaban letreros para anunciar lo que ofrecían. Así nacieron muchos de los primeros anuncios comerciales, antecedentes directos de los rótulos que hoy vemos en calles y mercados.

 

Pero en México, la historia de los letreros tomó un camino muy especial.

Aunque el oficio tiene raíces europeas y coloniales, fue después de la Revolución Mexicana cuando el rotulismo comenzó a formar parte esencial de la vida urbana. Los mercados, fondas, talleres y pequeños comercios necesitaban una forma económica y llamativa de anunciarse. Entonces aparecieron los rotulistas: artistas populares capaces de transformar una pared, una cortina metálica o una cartulina en un anuncio lleno de color y personalidad.

El rotulista trabajaba a mano, trazando letras con precisión y creatividad. Cada letrero tenía un estilo único. Algunos usaban frases ingeniosas, otros apostaban por colores intensos o ilustraciones hechas con gran detalle. Poco a poco, los rótulos comenzaron a formar parte del paisaje cotidiano de México y se convirtieron en una expresión cultural profundamente ligada a la identidad popular.

Caminar por las calles mexicanas era también leer historias. Los letreros de las tortillerías, carnicerías, peluquerías o misceláneas no sólo anunciaban productos; hablaban del humor, la creatividad y la manera de comunicarse de las comunidades. El rotulismo se volvió algo “bien mexa”: cercano, espontáneo y lleno de carácter.

 

Al mismo tiempo, la señalización evolucionó en otros espacios. Con la llegada del automóvil a principios del siglo XX, surgió la necesidad de crear sistemas más organizados para orientar a las personas en carreteras y ciudades. En 1908, durante el Primer Congreso Internacional de Tránsito en Roma, se establecieron reglas y símbolos para homologar las señales viales. Muchas de ellas siguen utilizándose actualmente.

Hoy existen diferentes formas de nombrar estos sistemas visuales. La señalización se refiere al conjunto de señales que ayudan a orientar a las personas en un espacio. La señalética, en cambio, va más allá: implica diseñar estrategias completas para guiar, informar y facilitar la experiencia de quienes recorren un lugar. También están los rótulos y letreros, términos más cotidianos que usamos para describir anuncios visibles en calles y negocios.

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