Pureza del mármol, fragancia de rosa

Diciembre 4 de 2018

Quién no se imagina casándose con un gran vestido blanco, una cola, altos tacones, un velo o una tiara sobre un hermoso peinado, y un ramo de flores hermoso, como un cuento de hadas, a saber: los orígenes de estos accesorios no son tan románticos.

Antes de 1840 los vestidos nupciales podían ser de cualquier color, pero cuando la Reina Victoria se casó y  uso el color blanco para su vestido lo puso de moda. En 1854 la Iglesia católica reconoció el dogma de la inmaculada concepción, y le otorgó la connotación de pureza, castidad, virginidad e inocencia, fue entonces cuando las mujeres debían casarse de blanco, por un lado para mostrar su pureza y por otro para hacer notar que podían costearlo porque no era fácil obtener una tela en color blanco y que durará sin desgastarse, había que tener quién lo lavara, quien lo cuidara y sobre todo tener poder adquisitivo para hacerse de un vestido de novia blanco.

Los ramos de flores se empezaron a usar probablemente en la Edad Media cuando la ducha no era tan indispensable para la sociedad. Solían darse solo una al año al inicio del verano, y en esos meses había una gran cantidad de matrimonios. Se dice que el ramo de flores solían usarlo para ocultar un poco los malos olores aunque también se sabe que el ramo no era de flores sino de hierbas y ajos con la finalidad de ahuyentar los malos espíritus.

¿Cómo debía de oler y lucir una novia? Fue seguramente las preguntas que se hicieron las compañías de Dana y L. Gutiérrez y Cía. que lanzaron productos en la primera mitad del siglo XX donde las protagonistas eran las novias.

Dana lanzó por allá de 1935 “Ramillete de novias”, que era una fragancia floral compuesta de aldehídos, jazmín, rosas, Lily, sándalo y almizcle. La novia debía de oler bien, dulce como símbolo de su inocencia y virginidad, puro como las flores sin cortar. El “ramillete de novias” español fue hecho para “hacer sentir a la mujer como una novia el resto de sus días”.

“Nupcial Cold Cream Theatrical” era un extracto de aceite, agua de rosas, cera de abejas y aceite de avellana, que funcionan no solo como astringente sino como tonificador.  L. Gutiérrez y Cía. tuvieron la misma idea publicitaria: una novia desea verse radiante, joven, tersa y fresca el día de su boda, ¿por qué verse así sólo un día y no el resto de su vida?

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