{"id":85517,"date":"2026-02-04T13:01:22","date_gmt":"2026-02-04T19:01:22","guid":{"rendered":"https:\/\/elmodo.mx\/?p=85517"},"modified":"2026-02-04T13:01:22","modified_gmt":"2026-02-04T19:01:22","slug":"la-locura-que-termino-flotando-sobre-paris","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elmodo.mx\/en\/blog\/la-locura-que-termino-flotando-sobre-paris\/","title":{"rendered":"La locura que termin\u00f3 flotando sobre Par\u00eds"},"content":{"rendered":"<div class=\"wpb-content-wrapper\">[vc_row][vc_column width=&#8221;1\/2&#8243;][gsf_gallery layout_style=&#8221;thumbnail&#8221; columns=&#8221;1&#8243; columns_md=&#8221;2&#8243; columns_sm=&#8221;2&#8243; columns_xs=&#8221;1&#8243; columns_mb=&#8221;1&#8243; el_class=&#8221;&#8221; images=&#8221;85525&#8243;][\/vc_column][vc_column width=&#8221;1\/2&#8243;][gsf_heading title_font_size=&#8221;48&#8243; sub_title_font_size=&#8221;14&#8243; text_align=&#8221;text-left&#8221; el_class=&#8221;&#8221;]Hubo un tiempo en el que mirar al cielo era exactamente eso: mirar. So\u00f1ar, imaginar, se\u00f1alar con el dedo y preguntarse qu\u00e9 habr\u00eda all\u00e1 arriba. Hasta que, en 1783, alguien decidi\u00f3 que ya era suficiente con observar y que hab\u00eda llegado el momento de subir.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Par\u00eds fue el escenario perfecto. El 1 de diciembre de ese a\u00f1o, una multitud imposible \u2014se habla de cientos de miles de personas\u2014 se reuni\u00f3 en los jardines de las Tuller\u00edas. Nadie quer\u00eda perderse algo que sonaba casi a locura: dos hombres estaban a punto de elevarse por los aires dentro de un enorme globo. No hab\u00eda pantallas, ni transmisiones en vivo, pero la ciudad entera vibraba como si se tratara del evento del siglo. Y, en realidad, lo era.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El globo era imposible de ignorar: enorme, colorido, con una barquilla de mimbre colgando como si fuera una canasta fr\u00e1gil frente a la inmensidad del cielo. All\u00ed subir\u00edan Jacques Charles y Nicolas-Louis Robert. Entre los espectadores estaba Benjamin Franklin, quien observ\u00f3 todo desde su carruaje y luego escribir\u00eda que el espect\u00e1culo era, simplemente, maravilloso.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando el globo comenz\u00f3 a elevarse, los aplausos estallaron. A unos metros del suelo, los pilotos saludaron agitando banderas blancas. Desde abajo, la gente respondi\u00f3 con v\u00edtores. El tiempo parec\u00eda suspendido mientras aquel objeto flotante se alejaba lentamente, hasta que la multitud, a\u00fan asombrada, empez\u00f3 a dispersarse como quien despierta de un sue\u00f1o.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pero esta historia no empez\u00f3 ah\u00ed. Meses antes, en un pueblo llamado Annonay, los hermanos Montgolfier hab\u00edan hecho volar un globo de papel y tela usando aire caliente. No eran cient\u00edficos de academia, pero s\u00ed curiosos incansables. Su experimento funcion\u00f3 y la noticia corri\u00f3 como p\u00f3lvora por Francia y Europa. Pronto, otros inventores quisieron ir m\u00e1s lejos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Jacques Charles apost\u00f3 por algo distinto: hidr\u00f3geno. Su primer globo no tripulado recorri\u00f3 kil\u00f3metros\u2026 hasta que cay\u00f3 en el campo y fue atacado por campesinos aterrados que cre\u00edan estar frente a una criatura ca\u00edda del cielo. Parece exagerado hoy, pero en ese momento, ver algo as\u00ed deb\u00eda ser profundamente desconcertante.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Antes de subir personas, alguien tuvo que hacer la pregunta inc\u00f3moda: \u00bfse puede sobrevivir all\u00e1 arriba? La respuesta lleg\u00f3 en Versalles, con un globo que transportaba una oveja y algunas aves. Aterrizaron sin da\u00f1o alguno. La oveja, dicen, vivi\u00f3 el resto de sus d\u00edas con privilegios.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Entonces s\u00ed, lleg\u00f3 el gran paso. El primer vuelo humano \u2014en un globo de aire caliente\u2014 sobre Par\u00eds dur\u00f3 unos minutos intensos: descensos bruscos, tejados peligrosamente cerca y dos hombres grit\u00e1ndose emocionados desde el cielo. Poco despu\u00e9s, Charles y Robert perfeccionaron el viaje con su globo de hidr\u00f3geno, controlaron la altura con sacos de arena y recorrieron decenas de kil\u00f3metros. Charles incluso decidi\u00f3 subir solo una vez m\u00e1s, hasta contemplar el atardecer dos veces en un mismo d\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Europa enloqueci\u00f3. Los globos aparecieron en vajillas, juguetes y conversaciones. Volar se volvi\u00f3 moda, espect\u00e1culo y promesa. Aunque la fiebre dur\u00f3 poco y los accidentes enfriaron el entusiasmo, algo ya hab\u00eda cambiado para siempre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Desde entonces, el cielo dej\u00f3 de ser solo un l\u00edmite. Se convirti\u00f3 en un lugar posible y todo empez\u00f3 con personas que, como cualquiera de nosotros, se atrevieron a preguntarse: \u00bfy si s\u00ed se puede?[\/gsf_heading][\/vc_column][\/vc_row]<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hubo un tiempo en el que mirar al cielo era exactamente eso: mirar. So\u00f1ar, imaginar, se\u00f1alar con el dedo y preguntarse qu\u00e9 habr\u00eda all\u00e1 arriba. 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