El Principito: La sabiduría de los niños

El Principito

Por Ignacio de Lascurain

Aunque sea contradictorio hablar de fechas y de números al escribir sobre un libro que critica a los adultos, los cuales muchas veces se basan en estas cosas para construir un juicio, hoy, con más de 140 millones de copias vendidas en todo el mundo y traducido a más de 250 idiomas, recordamos la fecha de publicación de “El Principito”, escrito e ilustrado por el aviador francés Antoine de Saint-Exupéry. Este libro se ha convertido en el libro francés más leído y traducido de todos los tiempos y es, sin duda alguna, uno de los tratados de sabiduría más profundos y conmovedores que jamás se hayan escrito.

En esta historia se habla, usando frases y palabras sencillas, de los temas más profundos relacionados con la condición humana. De forma inocente y simbólica, estos temas se explican a través de los personajes que el principito conoce durante su viaje, después de que éste deja su pequeño planeta, con sus tres pequeños volcanes, debido a las dificultades surgidas con una hermosa pero orgullosa rosa.

Durante su viaje, El Principito, descubre que la mayoría de los adultos se encuentran encerrados en una especie de arremolinado sueño hueco, en el cual llevan a cabo labores fútiles y acciones inútiles, ya que se han olvidado de amar y admirar lo que los rodea; ya que ninguna poesía de la naturaleza los conmueve ni sorprende. Por otra parte, el principito, aprende que las cosas efímeras son las más bellas, como lo es la rosa que dejó atrás en su pequeño planeta, es entonces cuando experimenta por primera vez la nostalgia y el vacío de la soledad. Por otra parte, va creciendo en sabiduría durante su viaje y, cuando llega la Tierra, éste le transmite su sabiduría de niño al aviador perdido en el desierto, el zorro le enseña el significado de la amistad y, finalmente, la serpiente le ofrece “transporte” para regresar a su planeta liberándolo de su pesado cuerpo material.

Esta historia nos recuerda que tenemos que volver a lo esencial; que tenemos que desaprender todo lo que hemos aprendido para volver a ver que todo está vivo. Si hacemos una inmersión profunda en este libro, entonces podemos volver a ser niños y recordar que las plantas y los animales tienen una respiración eterna como la nuestra; entonces podemos viajar a diferentes mundos y planetas: nos volvemos aviadores; platicamos con flores, zorros y serpientes; nos volvemos creadores y artífices de la más alta magia. Finalmente aprendemos que para regresar al origen tan buscado es necesario desprenderse de todo.

Inspirados por esta historia, presentamos un gabinete de curiosidades realizado con objetos de nuestro acervo.

 

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