Abadalá

Octubre 8 de 2019

La poleana como modelo conceptual de una prisión y ejemplo de una dualidad constante entre los habitantes de ésta, es decir los prisioneros, y la autoridad. Sus orígenes son oscuros: algunos ubican su nacimiento en el Reclusorio Norte, y otros en la Penitenciaria de la Ciudad de México, pocos aventuran su origen incluso más allá: en El Palacio Negro de Lecumberri.

La poleana es un juego esencialmente canero, es decir, carcelario y su uso es tan común como lo son las rejas en una cárcel. Se trata de un juego de persecución donde los participantes deben escapar del espacio sugerido y de sus adversarios. Su complejidad es notable y exige de gran atención. Tal vez por eso es el símbolo idóneo de las exigencias de la cárcel. Si la prisión es capaz de generar un nicho cultural, es decir, de donde derivan manifestaciones que le son propias, lo definen y merecen atención y debate, un ejemplo es la poleana. Su obtención es necesariamente carcelaria ya que la mayoría son elaboradas por los internos de los penales y en muchos caso se hacen por encargo. Su forma habla de la cárcel en todo los sentidos: tiene casas, torres y policías, es la maqueta perfecta de un micro universo que en muchos casos permea sus muros ya que en ocasiones, es posible ver gente en las calles jugando a la poleana. 

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