De lavar a mano a pulsar un botón: la historia de la lavadora
Hoy en día basta con meter la ropa, agregar jabón y pulsar un botón para tenerla limpia, sin embargo, no siempre fue así. Durante siglos, lavar la ropa era una tarea pesada que podía tomar horas. Era común hacerlo a la orilla de los ríos, donde las prendas se frotaban o golpeaban contra las piedras para lavar y exprimir el agua.
La idea de hacer más fácil este trabajo comenzó a tomar forma en el siglo XVIII, en 1780 donde Robinson de Lancashire patentó una máquina para lavar y escurrir ropa. Para 1782, Henry Sidgier creó un aparato manual hecho con una manivela. La ropa ya no tenía que lavarse completamente a mano, aunque todavía había que hacer un buen esfuerzo.
Durante el siglo XIX aparecieron nuevos inventos. En 1851, James King patentó una máquina con un tambor giratorio en el que se mezclaban agua, jabón y ropa. Años después, Hamilton Smith agregó un sistema que hacía girar el tambor en ambos sentidos. Poco a poco aquellas máquinas fueron dejando atrás la madera y se volvieron más prácticas.
El gran cambio llegó con la electricidad. A principios del siglo XX aparecieron algunos de los primeros modelos eléctricos —entre ellos la famosa lavadora Thor— creada en Estados Unidos, el éxito fue impresionante que para 1928 ya se habían vendido cerca de un millón de ejemplares.
A partir de entonces la lavadora comenzó a sumar funciones que hoy nos parecen normales: centrifugado, ciclos programados, carga superior y frontal, dispensadores de jabón y, más adelante, controles electrónicos. En 1977 llegó uno de los primeros microprocesadores para controlar sus funciones y con el tiempo, también comenzaron a buscarse formas de ahorrar agua y electricidad.
En México y otros países de Latinoamérica, la llegada de la lavadora también significó un cambio importante en la vida cotidiana. El trabajo que antes requería mucho tiempo y esfuerzo comenzó a reducirse gracias a un electrodoméstico que poco a poco se volvió parte de los hogares.
Hoy existen lavadoras capaces de detectar el tipo de tela, ajustar los ciclos de lavado, controlar la temperatura e incluso conectarse a internet ¡te imaginas! En poco más de 200 años pasamos de golpear la ropa contra las piedras a controlar un lavado desde una pantalla.
Y tú, ¿recuerdas la primera lavadora que hubo en tu casa o alguna forma de lavar la ropa que usaban tus abuelos?
