calaveritas

¡Me da mi calaverita!

Estaba sentado el equipo de redacción trabajando en una nueva investigación de pronto un ruido a sus oídos llegó y a lo lejos la catrina se apareció los miro y miro hasta que preguntó ¿a quién me llevo al panteón?

Valiente uno de ellos contestó… ¡A mí! pero antes permítame apagar mi computador al ver su foto en la laptop replicó ¿Qué hace con eso señor? Una investigación sobre las catrinas para el nuevo blog expresó.
De pronto un salto dio y contestó: ¡Discúlpeme gran señor, al panteón no lo llevo hoy, mejor enséñeme ese escrito para ver qué tan bueno le quedo!

De chocolate, amaranto o literarias, todos amamos las calaveritas, pero hoy toca hablar de las literarias, versos estructurados que riman en una alegre composición que a los mexicanos nos llenan de alegrías, quizá a ti como a muchos te toca escribir y escribir estos versos para maestros, directores, compañeros, familias y hasta el perro, pero, ¿Sabes de donde surge esta bonita tradición?  ¡Vamos a descubrirlo!

Aunque diferentes expertos y portales dedicados a la investigación sugieren a distintos autores de las calaveritas literarias, todos aproximan su aparición a épocas coloniales donde se criticaba con estos textos a personajes de la política nacional o figuras públicas reconocidas. Diferentes investigaciones afirman que en el Virreinato los nobles y enriquecidos hombres y mujeres que sostenían el poder solían dejar marcados en sus epitafios largos nombres o versos poéticos, los cuales con el ingenio del pueblo se convertían en burlas para criticar al gobierno, es ahí donde se cree surge la tradición de escribir en esta forma una calaverita.

Aunque suene como una simple forma de expresión las calaveritas literarias fueron la antesala de una revolución necesaria en nuestro país, ya que su crítica social llegaba rápidamente al pueblo que las recibía de buena manera, concientizándolos y divirtiéndolos, por tal motivo fueron censuradas y castigadas por el gobierno. Aunque aún sin forma y desarraigadas de una fecha en específico, como ahora las conocemos, no fue sino hasta 1849 que se publica en el periódico El socialista, la primera calaverita literaria, ya con más fuerza a lo tradicional de las fechas y haciendo alusiones a la muerte.

Recordemos que la alusión a convivir con muertos en nuestro país es natural, contario a lo que por muchos años se vivía en otros continentes, grandes artistas retrataban el ciclo de la vida, panteones, cráneos, huesos, desigualdad, pobreza, riqueza, tradición en sus cuadros o escritos; sin embargo no resaltaría la figura de la catrina  hasta que Guadalupe Posada creara una representación mexicana de la muerte, que apareciera posteriormente en cuadros tan representativas para la corriente artística mexicana como el de  “Tarde de domingo en la Alameda” de Diego Rivera.

Historiadores sugieren que el auge de este movimiento literario se da a consecuencia del Porfiriato y su censura, al no poder expresar de manera abierta la desigualdad vivida en esa época los mexicanos buscaron entre su ingenio una manera colorida de expresión, encontrando en las calaveritas una forma de recriminar abiertamente todo lo que se vivía.

Así que ahora lo sabes, esas calaveritas que tantos nos gustan son para hacernos reír y divertimos por un rato, pero detrás tienen una historia llena de críticas al gobierno y movimientos históricos importantes, por todo eso amemos y cuidemos nuestras tradiciones.

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