El Rock en México por Julia Palacios

Febrero 25 de 2014

 

Cuando en mayo de 1959 se exhibió la película King Creole estelarizada por Elvis Presley en el Cine Las Américas, se dio un evento inusitado en la ciudad de México. Miles de jóvenes que esperaban ansiosos el estreno de la película, ya dentro del cine, levantaron algunos asientos y comenzaron a bailar con las canciones de rock and roll.  La represión policiaca y la detención de cientos de jóvenes, fue el saldo inmediato del acontecimiento que quedaría inmortalizado en el libro Rey Criollo de Parménides García Saldaña.

Sin embargo, con repercusiones a largo plazo, esto anunciaba, además de la pronta prohibición de la películas de Elvis, un prolongado asedio hacia las expresiones juveniles y concretamente rocanroleras, por parte de las autoridades de la ciudad.  A pesar de que la modernidad de la época traía consigo al rock and roll importado de los Estados Unidos y de que los Locos del Ritmo insistían en que “no eran rebeldes sin causa y que lo único que querían era bailar rocanrol”.

Desde entonces, el rock en México ha tenido una historia llena de claroscuros a través de un largo y atropellado camino. Y debido a que ha sido sobreviviente a persecuciones, criticado y silenciado, explotado y ninguneado, adorado y aplaudido, la historia del rock en México es poco conocida, en gran medida mitificada, y como todas las historias, constantemente distorsionada.

Pero más allá de haber librado una serie de pruebas de resistencia, esta historia del rock en México le permite hoy, asumirse aquí, como uno de los géneros musicales determinantes en la historia de la música popular de los últimos cincuenta años. Y cabe el orgullo a México de haber exportado los primeros rocanroles cantados en español al resto del mundo de habla hispana.

Ahora, más de medio siglo después, con la exposición Rock en México 1955-2010, en el Museo del Objeto del Objeto, se ha alcanzado un logro sin precedentes. ¡Llevar al rock en México a un museo!

Además de la revaloración de las colecciones celosamente guardadas y de los materiales conservados, toda historia narrada a través de sus objetos resulta fascinante. Tener la oportunidad de ver directamente cientos de objetos expuestos como protagonistas, se convirtió en una experiencia viva con un especial sentido de realidad para los visitantes.

Quienes lo vivieron, pudieron apreciar los objetos como recuerdos invaluables cargados de nostalgia y reafirmación de épocas significativas en sus vidas. Para las generaciones posteriores, la exposición ayudó a llenar vacíos, corroborar información, construir mitos y desmitificar otros tantos. Pero sobre todo, Rock en México 1955-2010 dio a conocer la historia, y al hacerlo, al otorgarle la importancia que se merece, se convirtió en una especie de acto simbólico de gratitud hacia todos aquellos músicos, intérpretes, compositores, productores y demás personas que han entregado su pasión y su vida al rock.

 

Julia Palacios

Febrero de 2014

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