El presidencialismo y su crisis

Julio 3 de 2018

La Revolución mexicana fue resultado de la farsa  electoral de 1910 que proclamó a Porfirio Díaz triunfador para un séptimo periodo presidencial, con el supuesto 98.93% de los votos emitidos a su favor. Tras la etapa armada de la Revolución, el país encontraría un nuevo equilibrio político en 1929 con la fundación del Partido Nacional Revolucionario (PNR)—que en 1938 se transformó en el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), y en 1946, en el Partido  Revolucionario Institucional (PRI)—, a cuya sombra operó un presidencialismo que sacrificó la democracia en aras de la estabilidad.  Los comicios se convirtieron en meros rituales de trasmisión del poder sexenal, donde el verdadero elector era el presidente saliente. Este sistema político  operó como una eficaz maquinaria durante medio siglo, pero se topó con su límite y entró en crisis en 1976, cuando se presentó un solo candidato a la presidencia y ganó la elección con el 100% de los votos válidos. La reforma electoral del año siguiente inició el proceso de la transición democrática y renovó la convicción ciudadana en los procesos electorales, lo que dio lugar a las competidas y cuestionadas elecciones de 1988 y al triunfo del candidato opositor en el año 2000.

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