Buena Puntada

Julio 19 de 2018

La máquina de coser empezó a ser creada durante la primera revolución industrial para disminuir la cantidad de trabajo de costura en las empresas textiles. En ese momento todo se realizaba a mano. Las familias cosían los pantalones, camisas, zapatos y vestidos con una aguja e hilo.

Existían muy pocas tiendas de ropa, era muy costosa y era difícil encontrar una talla adecuada. Las máquinas de coser comenzaron a abatir costos al elaborar más eficazmente una producción de textiles que satisfacía más rápidamente a la creciente población. Este prodigioso invento fue solicitado para suministrar de uniformes a los soldados de un ejército de la forma más expedita posible.

La patente de la aguja de doble punta para evitar girarla con cada puntada, es del inventor estadounidense Charles T. Wiesenthal en 1755, y se adaptaba a cualquier tipo de máquina. Con esta invención, la máquina de coser revolucionó la industria textil para siempre.

El norteamericano Elías Howe, estuvo perfeccionando una máquina de coser que imitaba el movimiento de la mano y logró patentarla en 1846. Intentó vender su máquina; incluso viajó a Inglaterra sin éxito alguno y regresó sin recompensa a su país. No obstante, se percató de que muchas compañías estaban utilizando el concepto de máquina de coser que él mismo había patentado, y comenzó a demandar a una por una, ganando cada uno de los casos.

La introducción del pedal de Issac Merrit Singer, permitió accionar la máquina con el pie; además, la dotó de una rueda dentada que permitía avanzar la tela entre puntada y puntada. Creó el prensatelas, que evitaba que el tejido se moviera y el pespunte no siguiera su camino.

Singer fundó su compañía, la Singer Manufacturing Company, que influyó poderosamente en el mundo de la moda, ya que realizaba los sofisticados sueños de los diseñadores y modistas. Inventó junto a su socio, el abogado E. Clark, un sistema de ventas innovador: la venta a plazos, con el cual se podía adquirir una máquina de coser con cinco dólares de enganche.

En la década de los años veinte, la oficina americana de patentes tenía más de 15,000 patentes de diferentes máquinas, lo cual demuestra que el negocio prosperó, vendiendo una máquina en cada casa en el Nuevo y en el Viejo Mundo.

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