A gozar en el panteón….

Noviembre 2 de 2018

“La muerte es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera” decía Jose Guadalupe Posada quien terminó en una fosa común en el panteón Dolores.

Don Lupe nació en Aguascalientes en 1852 y pereció en el año 1913 aquí en la Ciudad de México. En sus años de ilustrador prestó sus servicios en periódicos de combate como El Ahuizote, El hijo del Ahuizote, El jicote, etc. en los que hacía una crítica a las injusticias y crímenes cometidos por el gobierno en turno.

Su obra más famosa y representativa es “La calavera garbancera”, vio la luz originalmente en 1873 en la imprenta de Antonio Vanegas Arroyo, pero no fue famosa sino hasta después de la muerte de su autor.

Las calaveras creadas por Posada retrataban las contradicciones y problemáticas esenciales de la sociedad porfiriana, los abusos del gobierno, la explotación, creencias y forma de vida de los grupos populares. Por ésta preferencia a representar siempre las clases sociales bajas, Diego Rivera se referiría a él como “el artista del pueblo”.

Se le llamaba “Garbancera” a las personas que, con sangre indígena, pretendían ser franceses o españoles, renegando de sus raíces. Eran pintadas con ropa de gala, realizando actividades cotidianas como beber pulque, en una fiesta de la alta sociedad o en un barrio. La calavera más conocida lleva sólo el sombrero emplumado que estaba de moda en Europa a principios del siglo XX.

Cuando empezaron a circular en periódicos o en hojas las satíricas calaveras de Posada, iban acompañadas, muchas veces, de calaveras literarias donde el caricaturista reforzaba su crítica muy a la mexicana con humor, espontaneidad y haciendo burla del personaje estuviera vivo o muerto: “Las que hoy son empolvadas garbanceras, pararán en deformes calaveras”.

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