En busca del material perfecto

Febrero 27 de 2017

La cocina al tiempo de funcionar como espacio de experimentación para recetas y técnicas ha sido también laboratorio de materiales para las cacerolas, ollas y utensilios. El cocinero y escritor norteamericano James Beard ha afirmado en diferentes ocasiones que: “Ni siquiera en el mejor de los mundos posibles podríamos encontrar un metal perfecto para los utensilios de cocina”. El material perfecto es una utopía inalcanzable.

Distintas materias primas se han utilizado en diversos momentos de la historia de acuerdo a las necesidades de la época y el desarrollo tecnológico. En 1998, el ingeniero estadounidense Chuck Lemme decidió analizar los materiales existentes en los utensilios de cocina para determinar cuál era el mejor. De manera sistemática reunió cualidades y problemáticas de cada uno y generó nueve categorías:

  1. Uniformidad en la temperatura
  2. Reactividad y toxicidad
  3. Dureza
  4. Resistencia pura
  5. Grado de antiadherencia
  6. Facilidad en su mantenimiento
  7. Eficacia
  8. Peso
  9. Costo

El ingeniero le dio una puntuación de 1 a 10 a cada material siendo 1000 la máxima calificación y la que determinaría el material perfecto. El aluminio obtuvo nota alta en uniformidad de la temperatura pero baja en dureza. El cobre se reconoció eficaz pero difícil de mantener. El descubrimiento fue que los materiales puros en la cocina resultan imperfectos. El material mejor puntuado fue el hierro fundido y aún así no lograba llegar a los 1000 puntos.  La conclusión del ingeniero fue que mezclar metales sería lo más factible para llegar a la perfección.

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